Se debe alentar a las perras y gatas a dar a luz en un área familiar donde no se las moleste. Un entorno desconocido o la presencia de personas extrañas pueden impedir el parto, interferir con la bajada de la leche o afectar negativamente a los instintos maternales. Esto se aplica especialmente a animales jóvenes o primíparos. La aprensión o el nerviosismo de la madre puede desaparecer a las pocas horas, pero, mientras tanto, los neonatos deben recibir calostro y mantenerse calientes; el amamantamiento debe supervisarse de cerca. Las dosis mínimas de oxitocina (diluidas a 10 U/mL, 0,25 U/gata o 1 U/perra, SC, cada 4-8 horas, según sea necesario) pueden reducir el estrés materno. Los aerosoles nasales de oxitocina pueden mejorar los instintos maternales.
Una madre nerviosa puede no hacer caso a sus crías o darles demasiada atención. Ella puede lamer y morder el muñón umbilical, provocando una hemorragia o dañar la pared abdominal del neonato, pudiendo dar lugar a una evisceración. El aseo excesivo del neonato puede impedir que mame.
Si se inhibe el instinto maternal, la madre puede acostarse en decúbito ventral y no permitir que los neonatos mamen, o puede dejarlos abandonados. No es raro observar que la madre levante a los cachorros y los coloque de modo distinto en la caja, especialmente después del parto de cada cachorro; sin embargo, ella debe asumir la posición normal de lactancia.
La principal enfermedad metabólica asociada con la gestación es la hipocalciemia puerperal. Es poco frecuente en gatas y más común en perras que pesan <20 kg, y se ve empeorada por una nutrición perinatal inadecuada (suplementación excesiva de calcio/fósforo o una dieta prenatal desequilibrada).
Las enfermedades inflamatorias frecuentes en el período posparto son metritis y mastitis, que pueden presentarse simultáneamente debido a la propagación hematógena de bacterias (por lo general, Escherichia coli).
La retención de una placenta o de sus restos no suele causar metritis; las placentas retenidas suelen expulsarse espontáneamente. La distocia puede derivar en metritis. Los signos clínicos incluyen esfuerzo continuo como si estuviera en trabajo de parto, presencia de una masa fusiforme asociada con el útero (que se identifica mejor por medio de una ecografía), secreción vulvar anormal, fiebre y letargo a medida que se desarrolla la infección.
Si se administra en el transcurso de las 24 horas posteriores al inicio del trabajo de parto, la oxitocina puede mejorar el tono uterino y facilitar el paso de la placenta retenida; si la oxitocina no es eficaz, o si se administra >24 horas después del parto, la prostaglandina F2α (dinoprost; 0,1 mg/kg, SC, cada 12-24 horas) o el cloprostenol (1-3 µg/kg, SC, cada 12-24 horas, hasta conseguir el efecto) generalmente pueden inducir la eliminación de la placenta. La metritis es una afección potencialmente grave que requiere cuidados sintomáticos adecuados y antimicrobianos (seguros para la lactación); sin embargo, tiene buen pronóstico y, por lo general, puede tratarse de forma ambulatoria, lo que permite continuar con el cuidado materno de los neonatos. Las placentas retenidas no siempre causan problemas.
La mastitis es más frecuente en perras que en gatas. Las bacterias asociadas con la mastitis suelen ser coliformes o Staphylococcus spp. La galactoestasis puede predisponer a las perras a la mastitis, al igual que la manipulación humana excesiva de las glándulas mamarias. Se deben observar las glándulas mamarias para asegurarse de que todos están siendo amamantados.
La mastitis y la metritis pueden producirse conjuntamente por diseminación hematógena. Para tratar la mastitis, se indica el tratamiento sintomático, los antimicrobianos adecuados (seguros para la lactación) y la fisioterapia (compresas calientes, evacuación de la leche purulenta, compresas frías de hojas de col). La mastitis es potencialmente grave y puede cursar con septicemia.
La hemorragia uterina posparto importante es poco frecuente, a menos que se haya producido un traumatismo uterino. Se pueden administrar oxitocina (<24 horas después del parto) y prostaglandinas si el útero está sano; se debe realizar una histerectomía si la hemorragia no cesa y es significativa (es decir, provoca anemia por pérdida de sangre). Se debe realizar el cribado de una coagulopatía subyacente y el tratamiento apropiado.
La subinvolución uterina ocasiona manchados hemorrágicos durante >12-16 semanas (el periodo de involución normal en perras). No se requiere tratamiento, a menos que la pérdida de sangre sea considerable (lo que sugiere una coagulopatía), ya que la afección generalmente se resuelve de manera espontánea. La fertilidad futura no se ve afectada.
La agalactia (cuando no se debe a una enfermedad grave) es poco frecuente en perras y gatas. La determinación de que la lactancia es adecuada debe realizarse antes de elegir la zona de sección para la cesárea. Si se requiere una cesárea de urgencia, se indica la intervención, independientemente del estado de la lactación (consulte más adelante). Las perras y gatas con lactación inadecuada a término deben evaluarse cuidadosamente en busca de trastornos metabólicos o inflamatorios (metritis, eclampsia o mastitis), deficiencias nutricionales, deshidratación o dolor periparto, y tratarse adecuadamente.
Es posible que se requiera la evaluación de un hemograma completo, bioquímica sérica, secreción vaginal y una ecografía uterina. La presencia normal de calostro (por lo general poco copioso) no debe confundirse con agalactia. El nivel de bienestar de los neonatos y el aumento diario de peso (después de las primeras 24 h) indica que existe una lactación adecuada. La bajada de la leche se promueve por la liberación de la oxitocina, un reflejo desencadenado por los cuidados de la madre; por eso los neonatos deben pasar el tiempo adecuado mamando.
La interrupción del eje hipófisis-ovario-glándula mamaria puede desencadenar una agalactia idiopática. La agalactia puede estar asociada con un parto prematuro. La agalactia iatrogénica puede deberse a la suplementación con progesterona durante la gestación, lo cual no se recomienda.
Ya que los estrógenos promueven la lactogénesis, la idoneidad del desarrollo mamario debe evaluarse antes de retirar los ovarios si la ovariohisterectomía se elige en una cesárea. En la práctica general, la ovariohisterectomía o histerectomía en la cesárea se asocia con mayores tasas de morbimortalidad como consecuencia de la hemorragia, prolonga el tiempo de anestesia y es un procedimiento más invasivo para la madre. El amamantamiento de las crías también se retrasa.
Se puede estimular una lactación inadecuada si el tratamiento es rápido. Se debe administrar oxitocina en dosis mínimas (0,25-2 U, SC, cada 2 horas).
Los neonatos deben retirarse de la madre antes de cada inyección y devolverse 10 min más tarde. Deben recibir los suplementos adecuados, pero no en exceso, para garantizar la supervivencia y no evitar que mamen vigorosamente. Las glándulas mamarias deben despojarse suavemente a mano si la succión no es vigorosa.
La administración simultánea de metoclopramida (0,1-0,2 mg/kg, SC, 3-4 veces, cada 24 horas) a la madre promueve la liberación de prolactina.
La tranquilización leve con acepromacina puede facilitar también la bajada de la leche.
El tratamiento debe continuar hasta que la lactación sea la adecuada, por lo general durante 12-24 h más.