Los gatos son muy sensibles al sonido. Escuchan una gama más amplia de frecuencias que los humanos y la mayoría de los perros. El oído controla tanto la audición como el equilibrio y se divide en tres partes: oído externo, medio e interno.
Oído externo: Esto incluye el pabellón auricular (una lámina de cartílago cubierta de piel y pelo) y el canal auditivo. El pabellón auricular recoge los sonidos y los dirige a través del canal hasta el tímpano. Los pabellones auriculares izquierdo y derecho pueden moverse de forma independiente, lo que ayuda a los gatos a localizar los sonidos. El canal auditivo de los gatos es más profundo que el de los humanos y canaliza mejor el sonido, pero puede atrapar suciedad y cerumen. Esta acumulación puede causar inflamación (hinchazón y enrojecimiento) e infecciones, aunque los gatos tienden a tener menos de estos problemas que los perros.
Oído medio: Contiene el tímpano y una cavidad llena de aire con tres huesecillos, dos músculos pequeños, una abertura llamada ventana oval y la trompa auditiva. La trompa auditiva conecta el oído medio con la parte posterior de la cavidad nasal y permite que el aire entre en el oído medio.
Oído interno: Esto incluye la cóclea (el centro auditivo) y el sistema que controla el equilibrio. Los canales semicirculares son estructuras llenas de líquido y forman parte del sistema que ayuda a mantener la agilidad y el excelente equilibrio de los gatos.
Exploración física del oído
Los veterinarios revisan los oídos de los gatos en las visitas de rutina. Asegúrese de informar al veterinario si su gato tiene antecedentes de infecciones o problemas de oído.
En primer lugar, el veterinario inspecciona el oído externo en busca de inflamación, traumatismo, hinchazón, secreción o exceso de cerumen. Luego usan una herramienta llamada otoscopio para ver dentro del canal auditivo y el tímpano. Un videootoscopio (un otoscopio con cámara) proyecta la imagen que se observa a través del otoscopio, en una pantalla para una mejor visualización.
Es posible que se necesite sedación o anestesia general si el oído duele o el gato es difícil de sujetar. Se pueden examinar el líquido del oído o la secreción bajo el microscopio en busca de ácaros, levaduras o bacterias para guiar el tratamiento.
Los tumores sospechosos pueden requerir una biopsia. Es posible que se usen pruebas adicionales (radiografías, tomografías computarizadas, resonancias magnéticas o pruebas electrónicas de audición) para confirmar afecciones como la sordera.


