Las fracturas del hueso tarsiano central y del tercer hueso tarsiano (consulte las ) ocurren con mayor frecuencia en caballos de carreras de raza estándar o pura sangre, pero también pueden ocurrir en otras razas de caballos y durante otras disciplinas de alta velocidad. La fractura del tercer hueso tarsiano es más común. Estas fracturas ocurren con mayor frecuencia como resultado de un traumatismo en un hueso del tarso ya esclerótico. Sin embargo, los caballos con deformidad en cuña de los huesos del tarso por osificación incompleta cuando eran potrillos parecen ser más propensos a este tipo de fracturas.
En los caballos de carreras, las fracturas de los pequeños huesos del tarso suelen presentarse como fracturas de tabla en el plano dorsal del hueso tarsiano central y del tercer hueso tarsiano. En razas de sangre caliente y caballos que no son de carreras, se ha descrito una orientación más sagital de las fracturas del hueso tarsiano central. Estas fracturas suelen causar cojera grave de aparición aguda en las extremidades posteriores que disminuye con el tiempo.
La cojera resultante de las fracturas de los pequeños huesos del tarso se ve agravada por la flexión del jarrete, y el derrame persistente de la articulación tarsocrural suele estar presente cuando está afectado el hueso tarsiano central. La analgesia intraarticular de la articulación tarsocrural suele resolver la cojera cuando hay fracturas del hueso tarsiano central.
El diagnóstico de las fracturas de los pequeños huesos del tarso se basa en las vistas radiográficas estándar del tarso. Sin embargo, se pueden requerir múltiples proyecciones oblicuas para lograr un diagnóstico preciso. Cuando la radiografía no es lo suficientemente sensible para diagnosticar la fractura, la centellografía nuclear puede servir para confirmar la presencia de una fractura en los pequeños huesos del tarso.
La TAC y RM proporcionan mejores imágenes para evaluar las líneas de fractura en los pequeños huesos del tarso, ya que estas fracturas pueden presentarse ocasionalmente como conminutas. El uso de la TAC en la planificación preoperatoria es fundamental para garantizar el diagnóstico y la evaluación adecuados de la fractura. El tratamiento de elección para mantener la función deportiva del caballo es la fijación de la fractura con uno o dos tornillos en compresión.
Cuando la reparación quirúrgica no es una opción, se puede considerar un tratamiento conservador, que incluye reposo en establo y ejercicio controlado. Sin embargo, conlleva un mayor riesgo de desarrollar osteoartritis.
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